martes, 24 de marzo de 2015

Bucles

Conviene recordarlo porque nos olvidamos con facilidad.
No atañe a la naturaleza de los errores quién es el culpable. Es mucho más simple, hay dos tipos de errores: los que tienen solución y los que no.

sábado, 14 de febrero de 2015

[Fin de la autocita]


LA GENTE CON MAL GUSTO PARA EL CINE, TIENE MAL GUSTO PARA LA VIDA.  

Pienso en esto muy a menudo y en quien para mí es la imagen de una "persona de cine", mi admirado Francois Truffaut, que para bien o para mal nunca fue muy capaz de delimitar la frontera entre su vida y el cine. Tal vez por eso, sus películas, más aún que las de otros colegas de la Nouvelle Vague, nunca tenían un final cerrado y siempre se quedaban inconclusas como si uno debiera ir resolviendo y avanzando en la película de su propia vida.

Es extraño porque siempre he despreciado un poco el oficio de crítico de arte en todas sus manifestaciones porque el arte cuando es bueno, hace que las palabras sobren, incluso en la literatura. Y el propio Truffaut, que dijo una vez que "nadie nace para ser crítico de cine", acabó convirtiéndose en uno de los más brillantes del gremio llegando a convertir el género de la crítica en arte en sí mismo. Quizá lo consiguió porque en cada crítica que escribía dejaba tanto de sí mismo como en sus películas, pero a la vez estaban despojadas totalmente de su EGO.

Recomiendo encarecidamente para vuestra felicidad que visionéis todas las películas que podáis de Truffaut, el mayor número de veces posible, del mismo modo que tratéis de disfrutar de su arte como crítico de cine; "El placer de la mirada" recopila una serie de ensayos, críticas y textos que Francois escribió a lo largo de su vida.


[Fin de la autocita]

 


sábado, 22 de noviembre de 2014

BÁR-BA-RA

Bárbara Lennie es lo que Najwa Nimri siempre ha intentado ser, sin éxito:



O no?

En cualquier caso, ahí dejo esta reflexión sobre la "identidad española" entre otras muchas cosas.

domingo, 30 de junio de 2013

My favorite things



Cosas que hacen la vida mucho más agradable:

Planear regalos, fiestas sorpresa, hacer regalos, recibirlos.
La ropa y los muebles "vintage".
La música: escucharla, crearla, ejecutarla, bailarla.
Sacar parecidos a la gente.
Reír hasta tener agujetas.
El sexo en compañía, el sexo en solitario, el sexo sin amor, el sexo con complicidad, el sexo con amor. El sexo. 
Los gatos. Los felinos. Todos los animales no humanos.
Que te lleven el desayuno a la cama.
La cerveza.
Las películas de Buñuel.
Mi barrio.
El sol y el mar, juntos y por separado.
Los amigos.
La canela, el café, el chocolate, la pasta, el queso, los helados.
Hacer cosas con las manos: coser, pintar, modelar, esculpir.
Soñar.
Los mordiscos.
Los libros DE PAPEL. Los libros que te quedan por leer.
Cambiar de planes a última hora.
Los colores intensos. El color negro.
Algunas plantas alucinógenas.
El blues.
Las ciudades mágicas.

¿He dicho los amigos?

sábado, 27 de abril de 2013

El Gallo, Los Hombres Conejo y Magritte

Tengo que decir que me encantan The Doors, algo que entre determinados círculos no está bien visto decir. Supongo que es uno de esos grupos que todo el mundo conoce, gusta a la mayoría y siempre está de moda, vamos lo que se conoce como mainstream. Y reconocer que te gusta algo mainstream puede lanzarte al escalafón más bajo en menos de lo que canta un gallo (y uso esta expresión porque me parece la más adecuada ya que hablamos de música y de Jim Morrison).

Además de eso, también me gustan Echo & The Bunnymen, que ya no son tan mainstream, por lo que puedo gritarlo sin complejos, aunque los 80 tampoco están muy bien vistos, en algunos círculos...No se puede complacer a todos, ni tampoco tiene una necesidad de ello, sobre todo a cierta edad.

Por otro lado, me gustan mucho los grupos que hacen versiones (aunque también sean criticados, en ocasiones, por falta de originalidad).Y, especialmente, me gustan aquellas versiones que le dan un toque diferente a la original, porque para hacer un plagio exacto de ésta, ya tenemos la primera...



jueves, 7 de marzo de 2013

En la salud y en la enfermedad

Hay muchos tipos de enfermedades: Tenemos las físicas, las más conocidas, aunque posiblemente las menos comunes. Luego están las mentales, las anímicas y las psicosomáticas (que son las menos detectadas aunque las más frecuentes). Otro capítulo serían las enfermedades mortales, pero de estas no quiero hablar.
Estar enfermo es un estado metafísico en el sentido etimológico del término, es algo que va más allá de la física, un estado aparte que condiciona todo lo demás. Estar enfermo es una distorsión en algún sentido. Cuando estamos enfermos, el dolor o el malestar determinan todo lo demás y cuando uno se recupera todo aquello queda lejano e incomprensible. Una sensación muy habitual es pensar cuando estamos enfermos en lo poco que apreciábamos el simple hecho de encontranos bien antes de caer enfermos (o de encontranos mal). Y volver a olvidarnos en cuanto nos sentimos mejor.
Encontrarse bien no es necesariamente un síntoma de no estar enfermo. Yo he estado enferma muchas veces, la mayoría de las veces ha sido por agotamiento (mental, físico o ambos) y en la mayor parte de los casos producto de una situación de gran estrés, pero paradójicamente no me he sentido mal hasta que el foco generante de estrés  ha desaparecido. Es decir, cuando he parado.
La enfermedad da para mucho: a veces nos ponemos enfermos, a veces fingimos que estamos enfermos, a veces creemos que estamos enfermos porque eso nos proporciona una excusa para dejar de hacer algo que en realidad no queremos hacer.


Creo que he heredado de mi madre la atracción por los médicos. En el caso de mi madre siempre he pensado que venía de una especie de relación edíptica con su hermano (que es médico) que representaba la figura paterna (de forma precaria y siempre esgrimiendo la promesa de hacerlo mejor en un futuro que nunca llegó). En el mío supongo que además proviene de la necesidad de que me cuiden unida a la incapacidad para dejar que lo hagan.
Y como me he cansado de hablar de enfermedades y si enlazo con la inmimente desaparición de la sanidad pública no acabaré nunca, terminaré con una cita de Jiddu Krishnamurti
"No es signo de salud el estar bien adaptado a una sociedad enferma."

jueves, 7 de febrero de 2013

No man can eat 50 eggs

Desde siempre he sentido aversión a la uniformidad. Tal vez porque llevé uniforme en el colegio (durante 11 años fui a un colegio de monjas donde estas amargadas mujeres no sólo pretendían uniformarnos en cuanto a la ropa, sino en cuanto a nuestro pensamiento; también mis propias compañeras se sentían más cómodas bajo el abrigo  de un grupo homogéneo donde destacar en cualquier aspecto era malo). Tal vez por mi espíritu de rebeldía. Tal vez por ambas cosas o por ninguna de ellas.

Así que desde que recuerdo he huido de las modas, de "lo que se lleva", de lo que "es tendencia", pese a que muchas veces me he encontrado con gente deseosa de cambiar mi estilo siempre hacia la misma dirección, la que lleva todo el mundo. Nunca me ha quedado claro si es porque la gente desconfía de lo diferente, de lo que no comprende o simplemente es que me consideran una hortera y es una muestra (desde su ingenuidad) de cariño. Probablemente una de estas dos razones o ambas sean las mismas que empujan a la estas mismas personas a tratar de uniformar mi pensamiento llevándolo al terreno de lo convencional, de lo que "está bien pensar" o de "el (único) modo" de comportarse...

Todo esto sumado a un espíritu de contradicción hace a menudo que ciertas cosas que siempre me han gustado pasen a repatearme por el simple hecho de copar los escaparates de Zara, Mango, Blanco, etc o vestir a toda la galería de zombies-figurines con la que me topo en la calle y el metro, que parecen haber descubierto a la vez una prenda o un estampado.

Entre las cosas que me encantaban hasta que se han puesto de moda se encuentran por ejemplo: los chicos con camisas de cuadros ligeramente entalladas, los labios pintados de rojo, el estampado de leopardo, los gorros rusos tipo siberiano...También me pasa con algunos grupos de música, escritores o directores de cine, pero en menor grado. A veces me pregunto si no seré una snob.

Y para finalizar, os dejo un regalo para la vista: Paul Newman poniendo de moda los huevos cocidos, aunque nada más alejado de Cool Hand Luke que el borreguismo o el snobismo. (No he logrado encontrar esta escena en versión original, pero se agradecen contribuciones si es que alguien más que yo lee de vez en cuando esta sarta de pajas mentales).