miércoles, 9 de septiembre de 2020

Debut. Cuadernos y canciones

Hace más de veinte años que sigo a Christina Rosenvinge; fue Sibisse la que me descubrió que era mucho más que esa chica mona que se hizo famosa por cantar "hago chas y aparezco a tu lado". Sus letras aparentemente banales estaban cargadas de poesía. Y cuanto más escuchaba sus canciones, más cerca de ella me sentía. Con el tiempo descubrí que teníamos un gusto bastante parecido para los hombres, muy a nuestro pesar probablemente.

No soy muy dada a los cotilleos ni a los temas del corazón, pero reconozco que leí el libro con cierta curiosidad sobre la historia de Nacho y Christina, aunque sólo se toca el tema de pasada. En el fondo me gusta mucho la discreción y respeto con que trata el asunto, aunque no negaré que admirando como admiro a ambos y con lo mitómana que soy, me quedé con ganas de saber un poco más, pero no creo que sea la parte más interesante del libro. Al igual que no creo que "Verano fatal" sea uno de los mejores discos de ninguno de los dos, pero pienso que la complicidad y afecto que hay entre ambos está muy presente en todas las canciones y es un disco al que le tengo cariño. En contrapartida, destacaría del libro los pasajes sobre su estancia en Nueva York, su sutil forma de hablar de lo que supone ser madre y artista, su forma de entender y practicar (frente a teorizar sobre) el feminismo.  

En una entrevista, antes de que el libro fuera publicado comentó que el libro arrancaba con un prólogo sobre las diferencias en el método y proceso a la hora de escribir canciones y de poemas. Finalmente ese prólogo se ha convertido en un epílogo y me parece una decisión acertada porque es la parte más técnica y seguramente muchas personas no habrían pasado de ahí. A mí, en cambio, como poeta amateur (no os olvidéis "Se dice poeta"), me ha encantado y me ha descubierto algunas cosas que desconocía por completo.

Mientras leía "Debut", en todo momento me he sentido acompañada y yo, mejor que nadie, sé que ese milagro es menos común de lo que desearía, aunque no deja de ser el motor final por el que consumimos arte en cualquiera de sus vertientes. Esto me hace pensar con una sonrisa en ese párrafo en el que dice "Lo siento por vosotros poetas, novelistas, cineastas, pintores y artistas varios. Ninguno estáis presentes en el momento preciso en el que las personas se conocen, se miran a los ojos, o se descubren a sí mismas, no estáis en sus viajes cuando se sienten solas o cuando se hermanan con otros, cuando bailan o hacen el amor en la playa, cuando echan de menos algo o a alguien; nosotros sí. Estamos ahí, a su lado, todo el tiempo. Ninguna forma de arte penetra tan profundamente como la música." Pese a no estar de acuerdo del todo, quizá para mí el matiz reside en que la música es la forma de arte que más te une a los demás, que mejor despierta el sentimiento de comunión, digamos que es la forma artística menos onanista, pero yo desde siempre he sido una onanista cinematográfica (entre otros muchos onanismos). 

Me he sentido tan acompañada, que al acabar el libro no podía quitarme la sensación de que si conociera a Christina en algún momento, nos haríamos grandes amigas. Supongo que a eso se refiere cuando escribe "La voz que te emociona es la sabe expresar eso que tú llevas dentro".

sábado, 4 de abril de 2020

Que la vida iba en serio

Hace más de diez años de esto, pero lo recuerdo bien porque fue una de las mejores épocas de mi vida y en la que más se ha forjado mi personalidad tal y como es ahora. Mi buena amiga S. y yo jugábamos sin parar, o más bien se podría decir que hacíamos de todo un juego.
Recuerdo un momento en que empezamos a pensar en toda la gente que conocíamos y a quién de ellos nos llevaríamos con nosotras a una isla desierta en caso de que llegara el fin del mundo, los criterios eran dispares y, aunque generalmente imperaba la lógica, no siempre era así. Eso sí, rara vez no coincidíamos.
Ahora que estamos recluidos, lo recuerdo constantemente y pienso en quienes son las personas con las que me gustaría pasar estos momentos (de estar permitido), muchos de ellos están cerca normalmente, otros viven a cientos de Kilómetros, pero están cerca igualmente. Y si algo puedo afirmar con satisfacción es que estoy muy contenta con la persona con quien me toca compartir este confinamiento: no sólo es un superviviente nato, sino que es alguien con quien siempre me siento acompañada y cuidada y por supuesto, querida.



viernes, 15 de noviembre de 2019

Reflexiones de una mente semialienada

El ritmo de vida que llevo no me permite ir a comprar ropa. No puedo decir que necesite realmente nada y tengo muy poco tiempo libre que empleo en cosas que sí son imprescindibles. Pero por mucho que trate de liberarme de la losa de esta sociedad capitalista vivo en una, así que en mis ratos libres, me dedico a mirar en mi móvil webs con ropa que nunca me compro. La verdad es que me puedo permitir comprármela, pero en realidad no es necesario, me conformo con verla y fantasear con la posibilidad de obtenerla y ponérmela.
Si esto no es la sociedad del espectáculo, que baje Guy Debord y lo vea. 

martes, 19 de marzo de 2019

Día del padre

Quienes venimos de familias desestructuradas nos refugiamos en los demás (amigos, pareja, vecinos...). Quizá volquemos en ellos deseos que no fueron satisfechos en su momento, la larga lista de promesas incumplidas u otro tipo carencias. Entiendo que tanta responsabilidad abruma.
Nosotros esperamos de ellos que se comporten como la familia que deseamos tener y nunca tuvimos y a cambio les ofrecemos tratarles como si ellos fueran de nuestra sangre sin tener en cuenta que no necesitan nada de eso porque ya tienen familia; ya tienen quien les consuele o ayude. Tú no.
Así que esperamos de los demás más de lo que ellos nos pueden o quieren dar y nos frustra no conseguirlo. Mientras que ellos no comprenden esa necesidad ni tampoco nuestra intención de compensarles ofreciendo algo que no necesitan.

Me pregunto si es lícito esperar algunas cosas y si es lícito pedirlas. Puede que lo más acertado sea no esperar nada de nadie y aceptar de buen grado todo lo que recibamos...por muy triste que sea. 

martes, 11 de septiembre de 2018

Yo de mayor quiero ser Luna Miguel

Escribir un poemario que se titule "Los estómagos"
un ensayo cuyo nombre sea "El dedo. Breves apuntes sobre masturbación femenina".
No pasar nunca de moda.
Enfadarme,
o no
cuando pongan a mi nombre una preposición que no le corresponde.

Combinar a la perfección racionalidad y pasión
que me traduzcan a varios idiomas
poder presumir de labios hipnóticos
prologar a Anna Ajmátova.

Aprender pronto
que para saber sanar hay que saber enfermar
intuir que hay alguien que llora 
siempre que lee "Luna le pide a Luna que escriba un poema feliz"
Saber que los demás creen que llego demasiado pronto a los sitios
y sentir en cambio que llego tarde a todas partes. 

Que me llamen siempre para todos los festivales y antologías de poetas jóvenes
pero, sobre todo,
salir siempre bien en todas las fotos
sin esbozar jamás una sonrisa.




martes, 4 de septiembre de 2018

El día en que confundí a mi papá con Orson Welles

Quizá sea un poco pretencioso esto de empezar la novela por el título, pero dado que mi tendencia a la procrastinación podría llevarme a no escribirla jamás, más vale una línea que ninguna.

"El día en que confundí a mi papá con Orson Welles"

Lo cierto es que no fue así, sino que más bien sería "el día en el que confundí a Orson Welles con mi papá". Igual que mi padre nunca fue mi papá, pero como ya dijo Pessoa "el poeta es un fingidor".

Así que recapitulando tenemos un título que miente, un verso implícito y toda una novela por escribir. No está mal para los propósitos de principio de curso.